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Estudiar medicina en Córdoba

Os cuento un poco por encima y muy rápidamente. Hace unos días en un periódico de Córdoba apareció un artículo de un catedrático de la Universidad de Córdoba en el cual, usando frases del discurso de la última promoción de medicina de Córdoba, rajaba a gusto de los estudiantes de medicina tachándolos de poco vocacionales y dibujando una imagen de estos un poco de borrachuzos y juergueros. Aquí os dejo el artículo:

http://www.diariocordoba.com/noticias/opinion/estudiar-medicina-en-cordoba_655598.html

Como es lógico la respuesta de estos alumnos (o al menos de algunos de ellos) no se iba a hacer esperar. Seguramente lo envien al mismo periódico y al mismisimo catedrático. Mientras tanto os la copio aqui. En mi opinión toda una lección para el señor catedrático en cuestión. Ayudémosles a darle difusión. Ahí va:

                “Hablo en nombre y representación de todos mis compañeros de la promoción XXXIV de la Facultad de Medicina de la Universidad de Córdoba, y del mío propio:

                A día 2/08/2011 hemos sido el blanco fácil del Sr. Don Rafael Martínez Sierra, Catedrático Emérito en Farmacología de la Facultad de Medicina de Córdoba. Antiguo profesor y ex decano de la facultad, alega en su artículo que titula “Estudiar medicina en Córdoba”, en resumen, que a día de hoy la medicina no es una vocación, además de numerosas críticas acerca de que si no tienes dinero o un nombre importante, eso que escuchamos como “si no eres hijo de…” no puedes estudiar medicina. Y como prueba de todo ello, ha decidido utilizar como ejemplo nuestro discurso de graduación, ese que hicieron con tanto orgullo y empeño dos de mis compañeros.

                Por lo que hemos podido apreciar, el Sr. Martínez Sierra deja claro que no ha entendido absolutamente NADA de lo que se quiso expresar en ese día tan especial para nosotros; cualquiera de los que estuvo allí o que haya leído el discurso entero, puede apreciar fácilmente que todo está mezclado a la par que tergiversado.

                Jamás nos hemos quejado del “frío recibimiento en las salas de disección”, y mucho menos de la asignatura que más se parecía en algo a medicina en ese primer año. No es difícil darse cuenta de que esta frase se trata de una simple metáfora, comparativa y cómica, al igual que muchas otras de las que se citaron en el discurso. En Anatomía Humana tuvimos profesores estupendos, que nos enseñaron muchísimo más que a simplemente decir “sincitiotrofoblasto”, y quiero aclarar que se hizo alusión a ese término médico, en honor al Dr. Gabriel Bernal Valls, por esa simpática y especial forma que sólo él tenía al pronunciarlo.

                En ningún momento hemos afirmado que “las señas de identidad de un alumno de 1º era decir sincitiotrofoblasto”, sino que desde lejos se nos reconocía, y cito textualmente “porque aparte de empezar a hablar raro, usando lo que la gente llama el lenguaje de los médicos y que sólo nosotros entendemos, como sincitiotrofoblasto o anillo de Kayser-Fleischer, era imposible que un libro amarillo gigante con patas pasara desapercibido por las calles de Córdoba”; creo que hay una diferencia abismal entre una afirmación y la otra… Así que creo que deberíamos a empezar a llamar a las cosas por su nombre y no nos pongan etiqueta de algo que no somos.

                No solo parece que no tenemos vocación para haber llegado donde hemos llegado, sino que se nos tacha de “fiesteros”, de borrachuzos baratos porque según este artículo “las visitas al bar eran 3-4 veces al día”: ante tal afirmación sí que no tengo palabras… Déjenme decir que para nosotros “la cafetería de la facultad era lugar de paso 3 o 4 veces al día”. ¿Qué hay de malo en exponer de una manera divertida que si después de las clases o en los descansos del estudio siempre acabábamos allí? Prefiero perder una hora de estudio rodeada de amigos que estar encerrada en la biblioteca y que lo único en lo que saque matrícula de honor sea en soledad. Todo esto lo podemos extrapolar a todos los aspectos de nuestra vida universitaria: cenas, fiestas y viajes, ya que todo esto también forma parte de la propia vida. No por ello somos menos vocacionales que hace unos años.

                “La entrada en la universidad supuso un cambio para nuestras vidas”: ¡es evidente! ¿Para quién no ha supuesto la vida universitaria un antes y un después? No creo que ni ahora ni hace 20 años los universitarios a lo único que se dedicaban era a estudiar, enclaustrados en sus casas sin contacto con el exterior. Hace 20 años también había mes de mayo cordobés, y seguro que más de un alumno matrícula de honor en bachillerato conoció lo que es estudiar en verano, y ahora sí “con la caló”, al igual que seguro también se hicieron amigos incondicionales o se encontraron medias naranjas. Pasó y se hizo, me atrevería a decir, lo mismo que en pleno siglo XXI, por tanto, ¿qué hay de diferente?, ¿por qué somos nosotros los que no tenemos vocación y se nos critica públicamente?

                Quiero que sepan que 3º de medicina es el curso más complicado que tenemos en toda la carrera, con 10 asignaturas troncales además de las otras tantas que necesites para completar créditos de optatividad y libre configuración. Ahora pregunto yo: ¿de verdad les parece raro que con todo lo que teníamos encima, alguno de nosotros se planteara si seguir o no? Seguro que más de uno ha tenido ansiedad, nervios, crisis existenciales, que dudara de hasta quien es su propia madre y se planteara toda su vida en un segundo, o tal vez no… Pero  señores, somos médicos, tenemos que tomar decisiones teniendo la vida de la gente en nuestras manos, y que en determinadas ocasiones pueden ser familiares o amigos… ¿De verdad es tan raro que con una carga y una responsabilidad como esa nos entre algo de miedo? ¿Me aseguran que ante situaciones como esta, entre otras muchas que hemos pasado, nadie echaría a correr sin mirar atrás? Pido disculpas, pero permítanme que lo dude…

                Si en este discurso hay algo en lo que de verdad nos recreamos fue en recordar buenos y divertidos momentos, no solo con compañeros, colegas de trabajo y profesión, sino con AMIGOS, y por supuesto familiares. Creo que mis compañeros Pepe y Antonio Pablo consiguieron con gran esmero resumir de una manera amena, divertida y elocuente 6 largos, difíciles y farragosos años de carrera. ¿De qué otra forma sino? Al fin y al cabo era un día feliz, de alegría y celebración, donde los únicos llantos que cabían eran los de la emoción de saber que estábamos a un milímetro de poder decir: “SOY MÉDICO”. ¿Qué sentido habría tenido ponernos a hacer críticas que en ese momento no iban a ser constructivas, de hablar de malos momentos y recordarlos amargamente?, o si lo hicimos, ¿por qué no hacerlo de una manera cómica y con el desparpajo que nos caracteriza a los andaluces? No hay nada mejor y más sano en esta vida que la risa, ni nada más auténtico que reírse de uno mismo.

                Nos acusan y nos ponen como claro ejemplo, insisto, de la poca vocación que corre por nuestras venas. Pues verán, he visto graduarse a un padre de familia, una persona que como decimos en nuestro discurso “con la vida resuelta, ha decidido que esta profesión es la que verdaderamente le llena” y han conciliado de manera extraordinaria la vida familiar con la académica, he visto como se ha llorado desconsoladamente porque no se concedían becas de estudios y no podían terminar la carrera, gente que se ha sacado la carrera literalmente con el sudor de su frente por matarse a trabaja y he oído decir después de no tener suficiente nota para entrar en medicina: “mamá, si tu quieres yo hago otra cosa, pero yo quiero ser médico” y repitiendo selectividad. ¿No se le puede llamar a todo esto vocación?

                Es posible que los métodos y el sistema de la facultad sean cuestionables, que hay muchos “chanchullos” (como en todos sitios, por cierto), que tenemos pocas prácticas, etc., y prueba de ello es que muchos de nosotros hemos cruzado el Atlántico para poder hacer un tacto vaginal o coger un bisturí por primera vez, pero no estamos de acuerdo con la manera que ha tenido el Sr. Martínez de exponer su desacuerdo. No encuentro motivo para que este señor catedrático nos haya cogido como cabeza de turco, y mucho menos cuando ya fue decano de la facultad que es posiblemente cuando se tuvo la oportunidad de cambiar algunas cosas.

                Creo que todo el mundo estará de acuerdo conmigo en que a día de hoy se viven tiempos difíciles en nuestro país; no hay nada más que encender la televisión, poner las noticias y escuchar que los dos grandes problemas del momento son la crisis económica y el aumento del paro. Señores, por suerte o por desgracia, son estos los tiempos que nos ha tocado vivir, una época en la que la generación Ni-Ni es lo que está a la orden del día, una sociedad en la que si dices “no puedo, que tengo que estudiar” eres un autentico “pringao”. Nos enfrentamos a una realidad en el mundo de la medicina en la que la única forma de poder ejercer es a través de un examen MIR, y que sin él no eres nadie, una sociedad en la que el médico está continuamente en el punto de mira ya que se nos exige garantizar resultados y no medios para la salud, dedicándonos en muchas ocasiones a hacer una medicina defensiva para cubrirnos las espaldas… Pero a pesar de todo eso, aquí seguimos todos los profesionales de la medicina en general, y la XXXIV promoción en particular, al pie del cañón, recién licenciados hace apenas unos meses, y con las pilas cargadas para comernos el mundo y afrontar el famoso MIR.

                Con todo esto me gustaría volver a preguntar, ¿les parece que esto no es vocación? Juzguen ustedes mismos. Como el gran Antonio Machado dijo una vez: “si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio”, ya que por lo que se ve nos hace tanta falta.”

Gracias por vuestra difusión.

Indignado Javi

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